Definición
Etimológicamente proviene de los vocablos
latinos Ex–Sistere, Existentia, que significan "lo que
está ahí", "lo que es". También Ex–Sistit, que
es "lo que está afuera"; así, la existencia es equiparable a la
realidad, lo que está "Ex" de la cosa que es.
De este modo, el existencialismo, como relación
hombre mundo, "lucha contra toda concepción del hombre que le considere
independiente de sus relaciones con el mundo, como alma pura, conciencia pura,
yo puro o espíritu puro".
El existencialismo es una de las corrientes
filosóficas más importantes del Siglo XX, tiene sus raíces en pensadores como
Sören Kierkegaard y su posición sobre la angustia. Surgió después de la Primera
Guerra Mundial y tuvo un resurgimiento en la Segunda Guerra Mundial.
Para los existencialistas el hombre es una realidad
completa inacabada, con conciencia y libertad, cuyo destino es hacerse y
realizarse en medio de múltiples contradicciones de su propia vivencia, lo que
le engendra la incertidumbre y la angustia frente al absurdo, al fracaso, lo
misterioso y lo inexplicable de su propia existencia.
Aparece el existencialismo, a diferencia del
esencialismo, proclamando y defendiendo radicalmente la existencia sobre la
esencia.
REPRESENTANTES
1. Sören Aabye Kierkegaard.
a. Vida. Nació en 1813
en Copenhague y murió por consecuencia de un ataque de parálisis en 1855. De
origen Danés, filósofo protestante de la religión. Tras haber estudiado
teología y filosofía en Dinamarca y en Alemania es escritor en su ciudad natal.
Influyó en el movimiento de renovación teológica y filosófica después de 1918.
b. Obras. Sus obras
principales son:
"El Concepto de la Angustia",
"Estadios en el Camino de la Vida", "Diario", "Temor y
Temblor", "La Enfermedad Mortal", Ejercitación al
Cristianismo", "Las Migajas Filosóficas", "O lo uno o lo
otro".
c. Pensamiento. El punto de partida y la meta de las preocupaciones kierkegaardianas es
el yo como ser individual: "De nada sirve a los hombres querer determinar
primeramente lo exterior y luego el elemento constitutivo. Se debe, en primer
lugar, aprender a conocerse a sí mismo antes de conocer otra cosa". El yo
debe entenderse como relación consigo mismo, el yo es autorrelación.
Esta concepción del yo como autorrelación en
Kierkegaard ha de convertirse después de él en patrimonio común de todos los
existencialistas, pues esta autorrelación constituye la esencia del yo y es
interna, concreta, recíproca y viviente. Un examen más profundo de los datos de
la conciencia lleva a Kierkegaard a la afirmación de que Dios sostiene y
fundamenta el yo. De esta manera la autorrelación del yo se completa en su
relación a Dios.
En la concepción kierkegaardiana yo y pecado se
identifican pues dice él que sólo se puede estar delante de Dios con la
conciencia del pecado; así al hombre por el pecado deviene un yo existente,
autorrelacionándose y colocándose delante de Dios.
1) La Angustia. A este
tema Kierkegaard dedica una de sus obras, en la cual se propone trata el
concepto de la angustia psicológicamente, pero teniendo In Mente y
a la vista el dogma del pecado original. Para explicar el pecado de Adán tiene
en cuenta dos ingredientes: la prohibición hecha por Dios de no comer del árbol
de la ciencia, y la actuación de el tentador, es decir, el demonio en forma de
serpiente según el pasaje bíblico.
Empieza explicando que es necesario suprimir los
dos ingredientes ya mencionados. Ni Dios ni el Diablo tienen nada que ver con
el pecado original. Sólo queda en pie Adán, en radical soledad con la Prohibición, que
procede de sí mismo, y con la Tentación, que no puede venir de
fuera.
Al respecto, la prohibición es puesta por Adán
mismo. El yo es una relación consigo mismo. La conciencia de Adán como al de
todo hombre, es dual: una parte de la conciencia pronuncia y la otra recibe la
prohibición. También debe ser suprimido el tentador para lo cual Kierkegaard se
apoya en un pasaje bíblico del Apóstol Santiago en el que dice que Dios no tienta
a nadie y ni es tentado por nadie, sino que cada uno es tentado por sí mismo.
Es aquí entonces donde, al suprimir al tentador, aparece la angustia. La cual
tiene el poder fascinador que otros atribuyen a la astuta serpiente; y en medio
de la angustia surge el pecado. El yo se ha destacado sobre su naturalidad, se
ha existencializado.
2) El Hombre. En el campo antropológico plantea que el hombre no alcanza su
realización progresiva, sino que en el yo se dan riesgos y saltos. Propone,
pues, tres estadios que según él se dan en la vida del hombre.
El Estado Estético:El cual es el momento del placer escurridizo en la búsqueda desesperada
del hedonismo, es el constante presente y superficial que no posee ningún
vínculo con lo trascendente.
·
El Estado Ético: Es cuando se vive de acuerdo a los principios morales, ordenando
su actividad y conducta con base en el deber. El deber es para el individuo
práctico el imperativo general al cual debe ser obediente.
·
·
El Estadio Religioso: Constituido por la paradoja de la fe, al mismo tiempo ésta
paradoja es un escándalo ético, ya que es detener la razón y la ética para
apoyarse simplemente en la fe. El acercamiento a Dios lo posibilita la
angustia, de la cual se sale por la fe en él.
2. Martin Heidegger.
a. Vida. Nació en
Messkirch, Alemania en 1889 y murió en 1976. Estudió en la universidad de
Friburgo donde se doctoró y de la cual fue luego profesor. También ejerció la
docencia en la Universidad Marburgo. En su recorrido pareció adherirse al
nacionalsocialismo, pero más tarde disidió y dedicándose sólo a la enseñanza
llevó una vida retirada. Se sabe además que ingresó de novicio a la comunidad
de los Jesuitas y unos meses más tarde se retiró para ingresar al seminario de
su ciudad, allí tampoco permaneció porque tuvo que ir a la guerra.
b. Obras. Sus obras
principales son:
"Ser y tiempo", "Kant y el problema
de la metafísica", "La esencia del fundamento", "¿Qué es
metafísica?", "La doctrina platónica de la verdad", "La
esencia de la verdad". En sus escritos se preocupa por la exposición de la
pregunta acerca del sentido del ser, su estructura, su necesidad y su
permanencia.
c. Pensamiento.
1) El Sein. Es el
primero de los conceptos en los cuales divide al ser. Heidegger considera que
el Sein es el ser, o sea, los entes que no tienen conciencia de sí, que no
pueden interrogarse acerca de sí, son los "seres a la mano"
2) El Dasein. Es
"el ser ahí", es el hombre, el que se pregunta por el ser, por su
existencia. Heidegger lo explica mediante tres elementos:
El ser que existe en el mundo es el Dasein, el ente
concreto, el cual es el hombre.
·
El Dasein se relaciona con el mundo de una forma
especial porque comprende su existencia, el Sein no sabe que existe el mundo
para él.
·
El Dasein no existe ni aislado ni
independientemente, sino que existe inmerso en le mundo con los demás seres.
Se remarca el existencialismo de Heidegger cuando
afronta el problema del ser con los otros, a lo que considera como el segundo
motivo existencial, a los otros se considera como un yo en objetos, como seres
a la mano.
3) El Hombre es ser para la muerte. Dice Heidegger que el hombre es un ser para la muerte, que ha sido
arrojado al mundo "para en él morar e ir muriendo", ya que la muerte
es lo único seguro que cabe esperar al hombre, afirma que la totalidad
existencial, con la muerte, llega a su fin.
3. Jean Paul Sartre.
a. Vida. Nació en París
en 1905 y murió en 1980. Principal representante del existencialismo del siglo
XX. Auto de muchas novelas y obras de teatro, pensador de la acción política.
Fue profesor hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, luego estuvo en
los campos de concentración alemanes, y al ser liberado se volvió a dedicar a
la acción docente. En 1945 fundó una revista que llevaba por título "Los
Tiempos Modernos", y desde entonces se dedicó a la actividad literaria.
b. Obras. Sus
principales obras son:
"El ser y la nada", "La
imaginación", "La Nausea", "Las moscas", "El
Diablo y el Buen Dios", "La muerte en el alma". También cuenta
con innumerables novelas y ensayos filosóficos.
c. Pensamiento. Sartre nos ofrece una versión francesa de la doctrina de Heidegger y
define el existencialismo como "un intento de extraer todas las
consecuencias de una posición atea coherente".
Fue el primero en dar al término existencialismo un
uso masivo al utilizarlo para identificar su propia filosofía y ser el
representante de un movimiento diferente en Francia, que fue influyente a
escala internacional después de la Segunda Guerra Mundial. Su filosofía es atea y
pesimista de una forma explícita, declaró que los seres humanos necesitan una
base racional para sus vidas pero son incapaces de conseguirla y, por ello, la
existencia de los hombres es "pasión inútil". No obstante, insiste en
que el existencialismo es una forma de humanismo y resalta la libertad, la
elección y la responsabilidad humana. Con un gran refinamiento literario
intenta reconciliar esos conceptos existencialistas con un análisis marxista de
la sociedad y de la historia.
Sartre hace una distinción en el campo ontológico
entre el "en sí" y el "para sí", lo que permite hacer una
diferenciación entre el hombre y el mundo.
El "en sí" viene a ser lo que es y carece
de toda relación, es una masa indiferenciada, una entidad opacada y compacta.
Es el mismo mundo.
El "para sí" viene a ser el hombre, la
conciencia, y ésta está en el mundo, en el ser en sí pero totalmente es
diferente a él. El para sí es totalmente libre y está condenado a permanecer en
la condición de libertad.
A Sartre le llama la atención los conflictos y
vicisitudes donde se pueden destacar los rasgos de la naturaleza humana; estos
tipos de vida son los de la homosexualidad, la drogadicción, los condenados a
la pena de muerte, entre otros.
Ve al hombre como un proyecto que se vive
subjetivamente y nada existe previo a dicho proyecto, afirma que no hay valores
ni eternos ni fijos; no hay normas establecidas de una vez para siempre, sino
que el hombre debe regirlas de acuerdo con sus convicciones personales.
Para él, son absurdos y contradictorios los
conceptos de Dios y de Creación, al igual que el ser en sí y el ser para sí son
radicalmente distintos y no tienen ninguna vinculación.
Dios, según él, no existe y por tanto las cosas del
mundo son contingentes, y ningún valor es superior a otro; así las cosas
carecen de sentido y de fundamento y lo que el hombre hace por encontrarles
sentido es algo en vano, pues el hombre es "una pasión inútil".
En cuanto al sentido de la libertad en Sartre, el
hombre está condenado a ser libre: "el hombre es ahora absolutamente
libre. Pero esta libertad no es un don, sino que el hombre se halla condenado a
ella, condenado porque para que la libertad sea plena libertad, no puede haber
nada enfrentado normativamente al hombre, ni fe en Dios, ni verdades, ni
valores".
El hombre está solitario y sin acercamiento en un
mundo hostil, sin otra salida que a sí mismo, su propio proyecto. "Si
suelo trata él (el ser para sí) de evocar un suelo del "sin suelo",
viviéndose en peligro de hundirse realmente en la nada". Sartre es nihilista
y ateo radical. La nada de Heidegger es juntamente ser, y por eso también es
suelo y plenitud, y no excluye la teología, aunque no la incluya positivamente.
C. EXISTENCIALISTAS CRISTIANOS
1. Blas Pascal.
Pensamiento. Fue el primero en anticipar las principales inquietudes del
existencialismo moderno. Rechazó el racionalismo vigoroso de Renato Descartes,
afirmando en su obra que una filosofía sistemática que se considere capaz de
explicar a Dios y la humanidad presenta una forma de orgullo. También contempló
como muchos la vida humana en término de paradoja.
Dice que el hombre es una realidad finita perdida
en el universo y suspendido entre los infinitos (lo infinitamente grande, lo
infinitamente pequeño), entre el todo y la nada. Su ser es incomprensible por
estar compuesto de dos naturalezas opuestas (alma y cuerpo, materia y
espíritu), cuya condición racional se nos escapa; el hombre es "caña
pensante" (debilidad y grandeza); está encarnado y embarcado en el mundo
sin haberlo querido o buscarlo; es un devenir, un presente insaciable porque
vive en el pasado mediante sus recuerdos y en el futuro mediante sus proyectos,
hasta que la muerte acabe con su vida, que es una total comedia.
Plantea al ser según el orden de los mismos seres.
El hombre es él mismo "todas las cosas". Por ello el hombre es una
contradicción en sí, y en la reflexión se convierte él mismo en el
"monstruo inconcebible". Dice además, que la razón humana debe dejar
lugar a la decisión del corazón, como una "apuesta" en la que el
hombre no tiene nada que perder y puede ganarlo todo".
2. Gabriel Marcel.
a. Vida. Nació en París
el 7 de diciembre 1889 y murió en 1973. De familia diplomática y adinerada lo
que posibilita que Gabriel desde su infancia sea un hombre culto. Él era
católico y su madre judía. Por su constitución débil se libró de prestar
servicio militar pero se dedica a prestar un servicio a la sociedad en la Cruz
Roja. Vivió momentos difíciles como la muerte de su esposa en 1947 y en el
transcurso de la Segunda Guerra Mundial se dedica a escribir en su casa de
campo.
b. Obras. Muy
influenciado por Kierkegaard, y esto se ve claramente en sus obras:
"Diario Metafísico", "Prolegómenos
para una metafísica de la esperanza", "El misterio del ser",
"Decadencia de la Sabiduría".
c. Pensamiento. El punto de partida de su pensamiento es su arraigada convicción de la
trascendencia divina y su firme fe en Dios. Su reflexión y pensamiento no son
sistemáticos, pues de plano rechaza toda construcción organizada de sistemas,
al igual que declara su repugnancia a pensar en categorías conceptuales y
razonamientos deductivos. Su método consiste en una reflexión sobre la unidad
concreta del vivir y el pensar en el existente, admitiendo como grandes
realidades concretas al yo y al tú.
Nuestra existencia es impensable sin la existencia
de Dios, pues nuestra existencia es participación de la de Dios, es por ello,
que no hay que establecer la existencia sino reconocerla.
Pretende recuperar el racionalismo idealista
fundamentando la realidad particular y singular, porque hay que captar la vida
palpitante y trágica del individuo: "Creo que la exigencia de Dios no es
otra cosa que la exigencia de trascendencia descubriendo su auténtico rostro...
ninguna filosofía podrá dar un golpe de Estado instaurando como Dios algo que
la conciencia creyente rehusa conocer como tal".
Gabriel Marcel afirma que el ser es un misterio, en
cuanto podemos descubrir siempre facetas nuevas y nuevas formas de
manifestación en él.
3. Karl Jaspers.
a. Vida. Nació en
Oldenburg en 1883 y murió en Basilea en 1969. Fue primero psiquiatra, pasa en
1921 a ser profesor de filosofía en Heidelberg, y en 1948 en Basilea. Después
de Heidegger es el más destacado existencialista en el ámbito de lengua
alemana. Estimulado por Pascal, Kant, Kierkegaard, Nietzsche, rompe los límites
del pensar y filosofar puramente académico, y así presenta la filosofía como
forma de existir del hombre.
b. Obras. "Psicología
de las concepciones del mundo", "Filosofía", "La Fe
filosófica", "Origen y meta de la historia", "Situación
espiritual de nuestro tiempo", "Filosofía de la existencia",
"Sobre la verdad, razón y existencia", "Psicología
General", "Psicología de las concepciones del mundo", "La
bomba atómica y futuro de la humanidad", entre otras.
c. Pensamiento. Considera el fundamento del filosofar y, por tanto, el de la existencia,
como el esclarecimiento de la búsqueda del ser "por esto es necesario que
el hombre, con esfuerzo resuelto, tome por sí mismo la propia determinación de
su ser: este esfuerzo resuelto ya es existencia". Pues su meditación
filosófica empieza considerando la situación espiritual del hombre actual. Es
la edad de la colectivización.
Jaspers formula sus ideas como llamamiento, conduce
a la más franca orientación hacia el mundo, hace profundamente consciente la
historicidad, analiza con especial insistencia las formas fundamentales de la
comunicación humana, hasta que finalmente, mediante la experimentación de los
límites del saber finito y de la seguridad finita en general (fracaso,
situación límite) descubre la transformación decisiva de la existencia humana
(el nacimiento de la existencia propiamente dicha) en el acto de percatarse de
"trascendencia", de Dios.
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